Entrevista a Arnau Carreño: impactos de la náutica recreativa en las áreas marinas protegidas y propuestas para reducirlos

Entrevista a Arnau Carreño, investigador de la UdG y coautor del artículo “Environmental impacts of increasing leisure boating activity in Mediterranean coastal waters” en el que se analizan los impactos generados por la náutica creativa en las áreas marina protegidas del Mediterráneo y se proponen medidas para reducirlos.

Duración: 30 minutos.

¿Dónde se puede hacer qué? La planificación marítima se pone en marcha

La actividad económica en la costa y el mar Mediterráneo no deja de crecer y esto conlleva inevitablemente a la competición por el espacio disponible para llevar a cabo las diversas actividades.

No es un problema nuevo, pero sí que es cada vez más acentuado, tanto en el Mediterráneo como en la mayoría de las aguas europeas. En este contexto la Unión Europea hace años que está tratando de impulsar la Política Marítima Integrada que tiene en la Ordenación espacial uno de sus principales pilares. Se trata de clarificar qué actividades son prioritarias en cada zona, y qué actividades son compatibles o incompatibles entre sí.

España tiene en marcha el proceso para establecer una ordenación del espacio marítimo en toda su costa y para ello acaba de finalizar el proceso de información pública de la evaluación ambiental de los planes de ordenación del espacio marítimo. Es decir que ya existe una primera propuesta de zonificaciones de usos y se ha iniciado el proceso de discusión pública. Están en juego aspectos tan importantes como ¿en qué zonas se podrá implantar eólica marina?, ¿qué zonas son prioritarias para la conservación de la biodiversidad o la extracción de áridos? ¿Qué zonas deberán ser reservadas para la actividad portuaria?, entre otros posibles usos.

El Mediterráneo español se ha dividido en dos zonas: levantino-balear y estrecho y Alborán.  La documentación presentada a información pública es muy extensa – en particular destaca una amplia diagnosis-. A continuación, presentamos los principales mapas de usos propuestos, unos mapas que también podéis consultar en detalle en un visor on-line (aunque nuestra experiencia es que funciona regular).

La zonificación está en fase de borrador y tras el reciente cierre de la consulta pública de la evaluación ambiental estratégica continuará su tramitación en los próximos meses, por lo que probablemente sufrirá modificaciones para incorporar diversas aportaciones. Se espera tener la aprobación definitiva a finales del año 2021 o inicio del 2022. Os animamos a seguir este proceso porque los resultados serán importantes. Si tenéis dudas, consultádnoslo y trataremos de contestaros.

ÁMBITO LEVANTINO BALEAR

Zonas de uso prioritario: es decir zonas donde ya se realizan actualmente actividades y usos que se consideran de interés general. Se incluyen también las zonas de uso prioritario destinadas a la energía eólica marina y a los yacimientos de arena destinados a la protección costera. Aunque dichos usos aún no se han implantado en el espacio, se les otorga prioridad dentro de dichas zonas.

Zonas de alto potencial: es decir zonas donde, aunque actualmente no tenga lugar la actividad, se considera adecuado el desarrollo futuro de actividades y usos que se consideran de interés general.

ÁMBITO ESTRECHO Y ALBORÁN

Zonas de uso prioritario:

Zonas de alto potencial:

¿Qué implicará el aumento térmico de las aguas del Mediterráneo español?

El cambio climático está generando múltiples efectos en el ámbito marino, entre ellos el aumento de temperatura en las masas de agua, la acidificación marina e importantes cambios en su biodiversidad. En este artículo nos centraremos en las implicaciones derivadas del cambio de temperatura.

Impacto del cambio climático sobre el medio marino. Fuente: IPCC

Un sistema interconectado en cambio acelerado

El sistema marino y atmosférico está conectado, cualquier variación en uno de ellos se propaga en el otro. Aunque debido a la diferente capacidad calorífica de la atmósfera y el agua los cambios producidos por el cambio climático en la atmósfera son más rápidos, el cambio climático ya está modificando también la temperatura marina. La temperatura superficial del mar en la costa española en los últimos cincuenta años ha aumentado dependiendo de la zona entre 0ºC y 0,5ºC. En profundidades intermedias (200 m a 600 m) la temperatura ha aumentado entre 0,05ºC y 0,2ºC y en las capas profundas (1.000 m a 2.000 m) entre 0,03ºC y 0,1ºC. Puede parecer poco, pero es suficiente para producir cambios importantes en el ecosistema marino. Además sabemos que la temperatura seguirá aumentando, si bien el ritmo de cambio es incierto. La mayoría de los estudios apuntan que a finales de siglo la temperatura superficial del Mediterráneo será entre 1 y 3ºC superior a los valores actuales.

Principales impactos

El aumento de la temperatura en las masas de agua conlleva diversos impactos, entre ellos:

  • Aumento en la frecuencia e intensidad de las de calor en la superficie marina
  • Cambios en la estratificación de la columna del mar y las corrientes
  • Modificaciones en la biodiversidad
  • Aumento en la frecuencia e intensidad de las tormentas
  • Implicaciones en los sectores laborales marinos

Olas de calor marinas

Al igual que sucede en la atmosfera en el mar también se producen olas de calor. Estos sucesos calientan extremadamente las aguas superficiales en determinadas zonas durante un prolongado periodo de tiempo. En el Mediterráneo se han registrado de manera reiterada: 1999, 2003, 2006, 2008… algunas muy virulentas, por poner un ejemplo en el Mediterráneo Oriental el año 2007 se registró una ola de calor que supuso un aumento de 5 grados en las temperaturas superficiales usuales durante más de un mes. Estos fenómenos extremos llegan a producir daños importantes en especies como las colonias de gorgonias o posidonia, además favorecen la aparición de masas de algas y producen cambios súbitos en la pesca. En el Mediterráneo se prevé que aumenten tanto en frecuencia como en duración.

Estratificación del mar

El sobrecalentamiento de la superficie del mar crea una estratificación térmica de la columna de agua, generando capas de agua con diferentes densidades, o que dificulta el movimiento vertical del agua, perjudicando la circulación de nutrientes y oxígeno a lo largo de la columna. Por ello la superficie rica en oxígeno se queda pobre en nutrientes, y en profundidad se da el caso inverso. Este fenómeno puede tener importantes impactos en la cadena trófica marina y conllevar cambios importantes en algunas especies de interés comercial pesquero.

La estratificación de la columna de agua junto al aumento de la concentración salina -debida a la disminución de precipitaciones- podría también producir alteraciones en los patrones de circulación marina. Con las corrientes perturbadas las playas sufrirían cambios en su dinámica de erosión y aporte de arenas. Y las especies sésiles y flotantes, dependientes de las corrientes para su movilidad, verían afectada su migración.

Biodiversidad marina

La biodiversidad se ve afectada debido a la vulnerabilidad de algunas especies ante el repentino aumento térmico. Son especialmente sensibles las especies que no pueden moverse hacia zonas menos cálidas y tienen una alta sensibilidad térmica. Algunas de ellas se encuentran en la zona superficial del mar o en aguas poco profundas, ámbitos donde los cambios de temperatura serán más rápidos. El impacto del cambio de temperatura marina ya se está viendo en las praderas de posidonia en el Mediterráneo occidental, en las  comunidades coralinas u en otras especies sésiles como las esponjas o los moluscos.

En los peces el aumento térmico genera múltiples efectos, entre ellos el desplazamiento hacia el norte de algunas especies, o impactos en el ciclo trófico por la reducción de biomasa planctónica. Se espera que la acción combinada de cambios en la cadena trófica asociada al aumento de temperatura, variaciones en la disponibilidad y oxígeno y sobrepesca acabe produciendo una disminución del tamaño de los peces entre un 4 y un 49% entre el 2000 y el 2050.

El aumento térmico, además, beneficia a las especies exóticas invasoras, agravando la situación ecológica. Algunas de ellas, adaptadas a climas más cálidos, ven favorecida su propagación desplazando a las especies autóctonas. Es remarcable como diversas especies procedentes del mar Rojo atravesando el canal de Suez –la llamada migración lessepsiana-, ya han llegado a nuestras costas, indicando la clara propagación por todo el Mediterráneo.

Aumento en la frecuencia e intensidad de las tormentas

Se prevé que en los próximos años más allá de una posible disminución de precipitaciones se produzca un aumento de las tormentas. Con una atmósfera más caliente, la capacidad de albergar vapor aumenta. Debido a ello, cuando se produzcan los temporales, estos estallarán con más fuerza, ocasionando fuertes oleajes que podrían tener un gran impacto en el sistema litoral. A esto se le suma sus implicaciones en el interior de la península, pues no hay que olvidar el gran papel del mar como controlador del clima. La reducción en lluvias agravaría la difícil situación hídrica que padece nuestro territorio. Se espera un adelanto de la llegada de los días calurosos y de las sequías, lo que afectaría gravemente a los terrenos de cultivos.

Impacto sobre la acuicultura

Se espera también que la degradación de la biodiversidad repercuta en las actividades pesqueras, reduciendo la producción en los cultivos y capturas marinas. En la acuicultura Mediterránea los impactos serán múltiples, en particular la producción de moluscos según los propios productores ya está siendo afectada especialmente por las olas de calor, ya que disminuyen el crecimiento y desarrollo del producto. 

La nacra, el lince marino del Mediterráneo

La nacra, Pinna nobilis, es una especie endémica y emblemática del Mediterráneo.

Es uno de los moluscos más grandes del mundo, puede llegar a 120 cm de longitud, y vivir unos 20 años, si bien algunos ejemplares especialmente longevos han sobrevivido hasta 50 años. Habita usualmente en zonas superficiales -entre los dos y sesenta metros de profundidad – sobre tierras arenosas, y tiene una gran capacidad de filtración de materia orgánica (por lo que ayuda a mantener las aguas más trasparentes en las zonas donde está presente) además de hacer posible, gracias a su estructura, que en él convivan más de ochenta especies diferentes. Por todo ello tiene un gran valor ecológico además de un alto valor cultural.

Durante casi dos mil años fue la principal fuente de “seda del mar”, un producto muy apreciado con el que se realizaban ropajes de todo tipo, de cuyo uso e importancia quedan registro en textos griegos, romanos, árabes e incluso chinos. En la costa española además se utilizó, también durante los 70s y 80s para fabricar ceniceros y otros elementos decorativos.

Es sin duda una especie emblemática mediterránea … que en menos de cinco años ha pasado a estar en peligro crítico de extinción.

Hasta el año 2016 esté particular molusco se podía encontrar en la mayor parte de la costa española, en muchas ocasiones entre praderas de posidonia, donde crecía protegido de las corrientes. Estaba sometido a presiones antrópicas que dañaban el ecosistema en los que se encontraba y dificultaban su buen estado ecológico: la pérdida de las praderas posidónicas, el garreo de las anclas, el aumento de los movimientos de agua asociados al incremento de movilidad marina, la contaminación marina y la recolección furtiva de individuos mantenían la población en un estado frágil.

No obstante, el año 2016 algo cambió radicalmente y se desencadenó una mortandad masiva que la ha hecho prácticamente desaparecer de nuestras costas en tan solo dos años con la excepción de dos zonas muy delimitadas en el Mar Menor (Murcia) y en el Delta del Ebro (Tarragona), además de haberse identificado media docena de ejemplares vivos en Baleares. Actualmente la situación en España puede aún ser peor, ya que existe una preocupación importante por la situación de la colonia del Mar Menor tras los últimos episodios de contaminación y el paso del DANA.

Y el problema no se ha limitado a nuestras fronteras, la mortandad ha continuado extendiéndose por todo el Mediterráneo, habiéndose identificado numerosas zonas (Francia, Italia, Grecia, Chipre, Turquía, Túnez y Marruecos principalmente) dónde han desaparecido todos o prácticamente todos los ejemplares, sólo quedan constancia de algunas comunidades en el Delta del Ródano y el Estaño de Thau (Francia), las zonas de Diana y Urbino pools (en Córcega), Venecia (Italia) y el Golfo interno de Kalloni (Grecia) todas ellas con algunas características ecológicas muy particulares que parece favorecer la resistencia a la mortandad general.

La situación es tan crítica que en 2019 la nacra se ha incorporado en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN bajo el estado de “peligro crítico” y tendencia de población decreciente, a un solo paso de la situación de “extinta en estado salvaje”, además de ya constar como especie vulnerable y protegida bajo el Annexo II de la Convención de Barcelona, del Anexo IV de la Directiva Habitats y en el catálogo de especies amenazadas español.

¿Qué ha causado este evento de mortalidad masiva? ¿Cómo se explica la expansión y rápida eclosión de la mortalidad? Todo apunta a que la presencia de patógenos, en particular la Haplosporidium pinnae, ha jugado un factor clave, si bien aún continúan las investigaciones al respecto y algunos estudios recientes apuntan también como un factor explicativo la presencia de Mycrobacterium sp o la posible combinación múltiple de patógenos simultáneos. En cuanto a su expansión todo señala que la difusión vía las corrientes de agua de los patógenos ha jugado un papel clave. Al tiempo que se ha identificado que los máximos niveles de mortalidad se producen cuando la temperatura supera los 13,5 grados y la salinidad se encuentra en el rango 36.5–39.7 psu.

Ante esta situación la comunidad científica se plantea si será posible evitar su extinción y proponen medidas. En España el gobierno español ha puesto en marcha un programa específico para tratar de salvar la especie. En primer lugar se trata de proteger el medio marino donde reside el animal, restringiendo o regulando ciertas actividades humanas que afectan al suelo marino (como el buceo o la navegación en estas zonas entre otras). También se contempla la delimitación y protección de estas las poblaciones, hechos que mejoran tanto la situación de la especie, así como la biodiversidad general de nuestras costas. Pero también se plantean actuaciones a nivel poblacional, tanto en el medio marino (in-situ), como fuera (ex-situ). En este último, alguna de las propuestas son el “rescate” de especímenes en centros especializados para evitar su contagio con los patógenos, o protocolos de mantenimiento de adultos, o programas de reproducción en cautividad, para la obtención de gametos. A nivel in-situ, se crea un programa de reclutamiento, con el soporte de otros colectores larvarios. De misma forma, se acompaña de un monitoreo o programa de gestión para asegurar la supervivencia de los individuos.

Algunas de estas medidas ya están implantadas, otras necesitan de más tiempo, sin embargo, la situación de este animal característico es muy crítica, en algunas zonas están al borde de la extinción regional. Por lo tanto, aún se necesita más acción y una rápida aplicación.

¿Podremos evitar la extinción en estado salvaje de esta especie, cómo se hizo con el lince ibérico en el ámbito terrestre, o veremos desaparecer de nuestras costas esta especie emblemática que durante miles de años nos ha acompañado? En pocos años sabremos la respuesta.

Ya está aquí el informe “Estado de la pesca en el Mediterráneo y el Mar Negro 2020”

El Consejo General de la Pesca Mediterránea ha publicado el nuevo informe El estado de la pesca en el Mediterráneo y el Mar Negro (SoMFi 2020).

En él se señala que el 75 % de las poblaciones de peces siguen siendo objeto de pesca excesiva, es claramente un valor muy alto aunque este porcentaje ha disminuido más del 10 % entre 2014 y 2018. Es la primera vez en varios decenios que se detectan algunas tendencias positivas.

Los datos frente a las costas españolas siguen siendo muy preocupantes. Se mantienen niveles altos niveles de sobreexplotación (GSA1 Andalucía, GSA2 Isla de Alborán, GSA 5 Baleares, GSA 6 Cataluña y Valencia, GSA 7 Golfo de León):

Captura pesquera vs. rendimiento máximo sostenible para las especies analizadas y zonas costeras españolas.

Y en términos de evolución de la biomasa la situación tampoco puede considerarse en líneas generales de satisfactoria:

Se categoriza la biomasa en comparación con los datos temporales disponibles (rojo por debajo del percentil 33, verde por encima del 66)

En términos de capturas el volumen de capturas en el Mediterráneo ha aumentado respecto a los últimos datos disponibles, al igual que el volumen de capturas en España.

España es el quinto país con mayor volumen de capturas (6,7%, 78.458 toneladas) tras Italia, Turquía, Algeria y Tunicia. En la cuenca occidental del Mediterráneo España es el segundo actor más importante en términos de volumen de capturas (78.458 toneladas) tras Algeria (103.308 toneladas) y seguida de Italia (42.087), Marruecos (23.176) y Francia (11.540).

En término de embarcaciones España ocupa el 21.er país con más embarcaciones (2,3%), con una potencia total superior a 49.000 GT. La edad media de las embarcaciones es de 33 años, frente a los 29 años de media en el Mediterráneo.

En términos laborales la pesca en el Mediterráneo y el Mar Negro proporciona 225 000 puestos de trabajo a bordo y se estima que contribuye a los medios de vida de 785 000 personas en total. En partes de algunos países como Túnez, Croacia y Marruecos, prácticamente uno de cada 100 residentes costeros trabaja en la pesca. El informe también destaca que el sector está envejeciendo rápidamente: casi la mitad de los trabajadores tienen más de 40 años y solo el 17 % son menores de 25. Por otra parte se estima que el valor económico generado por la pesca en la región asciende a 9 400 millones de USD.

La pesca en pequeña escala es la mayor parte de la industria y representa una abrumadora mayoría de las embarcaciones pesqueras (83 %) y los empleos basados en la pesca (57 %). No obstante su participación en las capturas totales es de solo un 15 % y supone menos del 30% de los ingresos totales. Es claramente el segmento de flota más frágil.

Finalmente vale la pena señalar que el informe destaca que el fortalecimiento de la resiliencia de las pesquerías será cada vez más crítico frente a las crecientes presiones sobre el ambiente marino debido al cambio climático y las actividades humanas.